Fortalecer la barrera intestinal es la base del sistema inmunológico, y nada la apoya mejor que el caldo tradicional de huesos. La cocción prolongada permite liberar colágeno, glicina y glutamina, sustancias que actúan como un “pegamento” para las microlesiones de la mucosa intestinal. La gelatina del caldo retiene agua en el tracto gastrointestinal, lo que facilita el tránsito del contenido intestinal y protege la mucosa de irritaciones. El consumo regular del caldo ayuda en la lucha contra el síndrome del intestino permeable y reduce la inflamación. Se recomienda beber un vaso (aproximadamente doscientos cincuenta mililitros) de caldo caliente al día, preferiblemente en ayunas. Para obtener la máxima cantidad de prolina y lisina, el caldo debe hervir a fuego muy bajo durante al menos de doce a veinticuatro horas.
