La protección antioxidante de las células es clave para preservar la juventud y proteger el ADN del daño. Las nueces se destacan entre otros frutos secos por su altísimo contenido de polifenoles, que neutralizan los radicales libres de manera significativamente más eficaz que la vitamina E. También contienen ácido alfa-linolénico, necesario para mantener la elasticidad de las membranas celulares en el cerebro y el corazón. El consumo de nueces favorece la función endotelial de los vasos sanguíneos, mejorando el flujo sanguíneo y la oxigenación de los tejidos. Basta con comer siete nueces enteras al día para aportar al organismo una dosis óptima de ácidos grasos omega-3. Es preferible consumirlas crudas, ya que el tratamiento térmico destruye los delicados enlaces químicos de los ácidos grasos y reduce su potencial antioxidante.
